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Quién sabe Marta por GEOTEATRAL


Quién sabe Marta - Crítica
Un lenguaje plural para una mujer plural. Obra escrita y dirigida por Francisca Ure, con gran elenco. Critica de Bettina Girotti.




Marta es una mujer singular. Ropa (como mínimo) dos talles más grande, enormes anteojos y un gorro que, más que accesorio, es inextirpable. Pero ella es también una mujer bastante plural: esa singular Marta es en realidad varias Martas, o, por lo menos, siete diferentes versiones de ella. Todas son aquella Marta anteojuda, aunque no todas son la misma. Todas comparten esa capa superficial de anteojos-gorro, pero desvanecida esa fachada, cada una de ellas es otra. Como dice su autora “tan simple como eso. Tan complejo como eso”…
Todo comienza con una proyección en la que vemos a las diferentes Martas. Acto seguido, una entrevista laboral en la cual estas siete versiones, dispuestas en línea recta enfrentando al público, contestan, algunas veces alterándose, otras repitiéndose y otras hasta superponiéndose, lo que podríamos llamar “preguntas  típicas”. Y como Marta es una mujer singular, las extravagancias deberán trastornar el normal desarrollo de la entrevista ¿O acaso en estos casos es común preguntar al entrevistador si uno se debe sacar el sombrero? ¿Y traer su propia silla? Con el final de la entrevista se inaugura una nueva vida para Marta, una marcada por el ritmo de los viajes en subte hacia el trabajo (llevando la propia silla, claro) y el etiquetado constante de chanchitos. Pero la rutinaria y monótona vida laboral se ve alterada por un incidente en el archivo con el nuevo empleado. A partir de allí, Marta decide dar parte de enferma, cambiando aquel mundo “normal” por su(s) propio(s) mundo(s), tan seguros como absurdos frente a ese otro mundo. Es así como comienzan a desfilar por escena estas siete versiones de Marta: una Marta pajarito, una conejo, otra pescadito, una reina de Corazones, entre otras, interpretadas, cada una de ellas, por Laura AneyvaInés CejasCinthia GuerraClarisa Hernandez,Nadia MarchioneLuciana Sanz y Sol Tester.
A lo largo de Quien sabe Marta nos encontraremos con infinitas alusiones a la infancia, desde canciones como aquella que cantaba el deshollinador de Mary Poppins o como “El mundo del revés” de María Elena Walsh, hasta la famosa reina de corazones, corona y risa estrepitosa incluida, de Alicia en el País de las Maravillas. El mundo de las Martas es mucho más colorido y divertido que aquel monótono del que Marta (alguna de ellas o todas ellas) intenta escapar. El de las Martas es un mundo de maravillas, o mejor dicho, una versión propia del país de las maravillas de Lewis Carroll…

Pero este singularísimo personaje no podría desplegar todos aquellos mundos absurdamente fantásticos por si mismo y es aquí donde entra a jugar un aliado, el proyector. El uso que se hace de éste, es uno de los elementos más interesantes y sobresalientes de la obra. Las proyecciones funcionan, en primer lugar, a modo de apertura mostrándonos a las diferentes Martas en la calle, cada una con su correspondiente silla. Pero también, se transforma en un recurso escenográfico, ya sea proyectando un espacio que podríamos llamar real, el de su habitación, así como también uno imaginario que da cuenta de los ambientes que envuelven a cada una de las versiones. Al mismo tiempo, la utilización de esta herramienta inaugura un nuevo nivel en la escena dando lugar al juego entre las sombras generadas por el proyector y los cuerpos allí presentes. El proyector llega así a ser un personaje más en la puesta de Francisca Ure, una puesta en la que la confluencia de los lenguajes audiovisual, musical y teatral genera un espectáculo que oscila entre lo surrealista y el absurdo.

Y ya que la de Marta no es una única voz, sino múltiples voces que se esconden bajo una misma fachada de gorro y anteojos, resulta lógico (por lo menos dentro de lo que su absurdidad permite) que una obra sobre ella recurra a diferentes “lenguajes” para canalizar esta variedad. La autora y directora de la puesta, cuenta no sólo con siete excelentes actrices que encarnan a las diferentes versiones, sino también con el gran trabajo de Sol Soto en el diseño de la escenografía y el vestuario, de Dalmiro Zantleifer a cargo de las animaciones y de Martín Berra encargado de la realización audiovisual. Y ya que la de Marta no es una única voz, habrá que escucharlas, y (¿por qué no?) disfrutarlas a todas.

Bettina Girotti
bettina@geoteatral.com.ar
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Con X de Marta

Por Maximiliano de la Puente, para Leedor.com

Marta es una incógnita. Al comenzar la función no sabemos nada de ella. Durante la obra, nos irá quedando claro que existen tantas Martas como actrices haya. Y si hubiera más actrices, (o actores por qué no) haciendo de Marta, tendríamos aún más miradas. Más puntos de vista sobre la realidad, sobre el mundo, sobre las Martas. Quién es Marta. Qué es Marta. ¿Una oficinista alienada, calentona, a punto de reventar? ¿Una revolucionaria solipsista? ¿Una reina que sólo vive en su interior, alejada de todo contacto con lo real? ¿Es un pez encerrado en una pecera del tamaño de un living? Quién es Marta. Cómo es Marta. Es algo que nunca sabremos. Cómo se construye la identidad de una persona. Qué es lo que se pone en juego en su construcción. La obra reflexiona, discute, disputa, juega, se divierte con la identidad de Marta. Y al hacerlo, se pregunta por ese proceso que en todos nosotros sucede. Que a ninguno deja indiferente. Qué es ser alguien. Convertirse en alguien. Asumir, tener una identidad ante el mundo. Todos los discursos interiores de esas Martas que se exteriorizan, o mejor dicho se vomitan, hacia el exterior, hacia nosotros, no hacen más que dar cuenta de las multiplicidades que somos, de lo imposible que es, en definitiva, conocer, conocernos. Reconstituir una personalidad homogénea, coherente, única. Somos siempre tantos como queramos ser. Como nos animemos a ser. Nuestra personalidad no existe. Es pura construcción, y como tal es modificable. Es arcilla en nuestras manos. Es locura y destrucción. Y no sólo calma, responsabilidad y temor, como nos enseña desde pequeños esta castradora sociedad. Somos, podemos llegar a ser tantos otros, que habitan en cada uno de nosotros, que nos da miedo. No nos reconocemos. Al final de la obra, Marta sigue siendo una incógnita. Marta nos angustia en su alienación, en su terror, en su soledad. Marta nos angustia en sus deseos incumplidos, tan cercanos, tan parecidos a los nuestros. Como cuando nos levantamos y nos vamos sin saludar a nadie. Como cuando los demás creen que somos agradables. Pero en realidad nosotras odiamos a toda la humanidad. Marta nos divierte: porque juega, porque es libre, porque rompe los esquemas de la mediocridad de su vida. Marta, en ese sentido, nos inspira. Marta, la obra, está construida desde una libertad y un espíritu lúdico apasionante. Marta se tira a la pileta y sale más que airosa, en su estructura estallada, en su inquietante interacción entre escena y video, que multiplica aún más las opciones posibles para intentar comprender quiénes son esas Martas, en su plasticidad corporal y visual, en el tratamiento de un vestuario que sorprende a cada rato, con actrices que ocultan capas y capas de ropa (en un juego de cajas chinas, similar al de la identidad, porque… ¿qué es lo que hay debajo de todo, una vez que supuestamente han caído todas las trabas, y que hemos develado todos los misterios?). Marta juega como una nena, y al hacerlo nos devuelve por un momento la alegría, en medio de tanta alienación, tanta miseria, tanta mediocridad. Marta sigue siendo entonces, (como ahora, como siempre, como nosotros), una incógnita. Pero una de esas que vale la pena desentrañar. Aunque sepamos que eso nunca realmente llegue a suceder.

Por Martín Fernández Tojo
En Escena Hoy


En la ciudad de Buenos Aires hay miles de hogares de una sola persona. Entre ellos estaría el departamento de Marta, una mujer bastante neurótica, un tanto fóbica, otro tanto depresiva, pero también soñadora, decidida y guerrera. Marta, interpretada por siete actrices, vive una vida en la cual la "puta soledad" la acecha por doquier. Aburrida de la gente y hasta de sí misma consigue un trabajo que la aburre aún mas llevando la situación a una instancia en que es imperioso hacer algo.
La primera propuesta de Francisca Ure, en su rol de dramaturga y directora, tienen dos características particulares que le dan a la obra un toque singular que la mayoría de las veces juega a favor y en algunas pocas en contra. La impunidad de la directora para hacer con la escena lo que se le viene en gana suma puntos generando momentos deliciosamente sorpresivos. Por otro lado, el espíritu lúdico que recorre la puesta crea climas distendidos y sumamente divertidos que el espectador seguro disfrutará. Como contrapartida, la obra tiene unos pocos momentos en que la acción se pierde en la fantasía del personaje y deja al público a la deriva buscando una cuerda para seguir el hilo de la historia. Aún así, Quien sabe M logra con éxito meternos en el mundo de Marta y acompañarla gustosamente en ese cambio que piensa realizar. A esto se suma el hecho de que las actrices se divierten a la chancho en el escenario y eso se transmite gratamente al espectador. Casi como una performance pero hilvanada por detrás con una historia simple y contundente; la obra es absolutamente disfrutable y esperanzadamente realista.
Las siete Martas que componen al personaje juegan sus papeles con gran ductilidad, cantan, bailan y se desesperan de soledad mientras sacan constantemente nuevos juegos para ofrecer a la platea. Se destacan también la realización en video y la selección musical que completan este auspicioso arranque de Ure.
Marta, que bien podría ser cualquier mujer o cualquier hombre, piensa que un cambio radical siempre en positivo pero... ni ella lo sabe.

Una Marta, muchas Martas

por Ivana Szerman
Orilla Sur


El 16 de febrero se repuso Quién sabe Marta, de Francisca Ure. La obra en la que siete actrices son una y muchas a la vez migró del teatro Huella al Teatro del Abasto y se presenta todos los miércoles a las 21.
Marta es Marta, reza la dirección del blog de la obra. Y esa fórmula contiene una infinidad de cosas. Decir que Marta es Marta es decir que Marta es por lo menos siete Martas distintas, como los enanitos de Blanca Nieves.
Marta consigue trabajo en una oficina. Marta establece una relación con la verdulera del supermercado. Marta es cantante, es guerrillera, es reina de corazones y también un pajarito o un pez.
En el universo onírico que plantea la joven Francisca Ure, hija de Alberto Ure, una mujer solitaria y que no se relaciona con nadie atraviesa distintos estados que la llevan a la liberación. Es la cabeza de Marta, corporizada en siete jóvenes, bellas y talentosas actrices: Clarisa Hernández, Sol Tester, Cinthia Guerra, Laura Aneyva, Nadia Marchione, Luciana Sanz y María Florencia Savtchouk.
Se trata de una obra extremadamente musical, lo cual no necesariamente la hace pertenecer a ese género. En algunos tramos es más cercana a un video clip con cuerpos reales, que juega con la presencia de una enorme pantalla en la que se refleja el mundo de Marta, y con siete sillas, una para cada Marta.
Marta canta, baila y rockea, y genera un universo apto de ser atravesado un miércoles a la noche, en la mitad de la semana, y que aporta bríos para lidiar con lo que queda.
Quién sabe Marta
Miércoles 21 hs
Teatro del Abasto - Humahuaca 3549
Entradas: $35

Quién sabe Marta en La Nación!!!!!!!!!!!


La amplia paleta de colores de la mujer

Siete actrices dirigidas por Francisca Ure

Calificación LA NACION: 

Domingo 17 de octubre de 2010 | Publicado en edición impresa 

La amplia paleta de colores de la mujer
Quien sabe Marta. Textos y dirección: Francisca Ure. Intérpretes: Clarisa Hernández, Sol Tester, Cinthia Guerra, Laura Aneyva, Nadia Marchione, Luciana Sanz y María Florencia Savtchouk. Escenografía y vestuario: Sol Soto. Realización audiovisual: Martín Berra. Animaciones: Dalmiro Zantleifer. Iluminación: Omar Possemato. Música: Santi Lesca. Coreografía: Vanina Montes. Huella Teatro, Medrano 535. Sábados, a las 21. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: muy buena
¿Por qué Marta tendría que enfrentarse con el exterior si su mundo interior bulle deliciosa y descaradamente? Este ser -en apariencias frágil, lastimado y dolido- estalla en mil facetas cuando vuelve a refugiarse en su propio país de maravilla.
País en donde se permite desplegar sus caras, sus seres interiores; hay Marta para todos los gustos, está la soñadora, la inocente, la rebelde, la sumisa, la sexual, la desquiciada... y más, tanto más que se podría volver a empezar la caracterización eligiendo tonos más sutiles.
Francisca Ure es la dramaturga y directora de esta belleza repleta de colores antojadizos y alocados en la que se permite jugar (nunca mejor usado este término) con sus siete actrices, quienes interpretan esas distintas Marta. Todas visten gorros, enormes lentes, medias tres cuartos y polleras. Todas se sientan en banquitos mínimos. Todas bailan y cantan. Es que la propuesta de Ure se va desdoblando y multiplicando hasta dejar boquiabiertos a los espectadores. La propuesta es enorme en búsquedas y hallazgos, y pequeña en dimensiones (el teatro Huellas es muy pequeño, caben apenas 30 espectadores). A estas ocho mujeres no les hace falta más para desentrañar un universo sensible que no hace más que poner en escena lo difícil que es, simplemente, ser.
En Quién sabe Marta no sólo hay buenas ideas sino un equipo creativo que responde sobradamente bien en cada rubro. Tanto es así que todo el trabajo interpretativo de las actrices está apoyado en realizaciones de video, de animaciones y una musicalización impecables. Lo mismo sucede con el vestuario que en algunos casos es definitivamente un plus a lo que sucede en escena. Es como si se tratara de contrarrestar lo insignificante que ella se siente frente a otro.
El elenco es muy parejo en un gran nivel, cada una de estas mujeres le aporta una particularidad tremendamente querible (en casi todos los casos) a esta Marta que construyen entre todas. Si hay que elegir, uno se podría quedar con la Marta Pajarito y con la maravilla que termina siendo la Marta Pez.
Verónica Pagés 

Las fantasías de las mujeres que nos habitan (crítica en Luna Teatral)

Por Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz
www.lunateatral.blogspot.com


No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo,
no tendrás poder
ni abogados, ni testigos.
Enciende los candiles que los brujos
piensan en volver
a nublarnos el camino.
Estamos en la tierra de todos, en la vida.
Sobre el pasado y sobre el futuro,
ruinas sobre ruinas,
querida Alicia.

 
Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz


El espacio se abre al espectador atravesando sus sentidos desde el sonido y la mirada; la pared pantalla de frente a la platea introduce a los personajes desdoblados de la personalidad de Marta, cuya fisonomía diferente alude sin embargo, a una forma de individualidad alejada de lo estentóreo; las muchas Martas que habitan son distintas pero todas ellas se muestran desde el exterior, desde el disfraz para enfrentar la vida, de una manera austera, desprovista de sensualidad. Sin embargo, los sueños y las fantasías que hilan un recorrido expresado desde el expresionismo, el surrealismo e inclusive algunos elementos del teatro pánico que creara por los sesenta Fernando Arrabal, Roland Topor y Alejandro Jodorowsky1; van descubriendo todas las facetas de sus deseos, ayudando al personaje a encontrarse con lo negado, lo prohibido, lo silenciado. El personaje de Mónica, en el espacio virtual, que representa la autoridad, que reprime el vuelo de libertad que se anhela, es el fantasma de la sociedad que impide que un ser se exprese en su totalidad, dejando de ser entonces sólo la cáscara que lo recubre. Los siete monólogos, siete facetas de una única identidad, se construyen desde el humor, la música, la coreografía, y la alternancia con los diferentes niveles de voz, que marcan estados de ánimo, frustraciones, amores no correspondidos, deseos ocultos. La intertextualidad con Lewis Carroll y su Alicia en el país de las Maravillas, se pone en abismo cuando desde el sonido aparece la canción de Charly García, Alicia en el país, las coreografías de Marta Pajarito y Marta conejo y con la aparición de Marta convertida en la sangrienta Reina de Corazones. Como en un espejo2 que multiplica las imágenes, a su vez duplicadas por la pantalla, las posibles Martas recrean no ya el aspecto épico de una historia, sino en pleno siglo XXI, la modesta epopeya del heroísmo de atravesar la vida cotidiana sin perecer en el intento, y tratando de lograr evadirse del tedio, de la rutina, del amor circunstancial, de la soledad. Siete actrices, como siete son los días de la semana o los colores del arco iris, pero un solo personaje construido a partir de la representación repetitiva, siete voces que dilatan artificiosamente el espacio y el tiempo del relato. Marta es miope pero no quiere decir que no vea, sino que ve de otra forma, desde una corporeidad que es absolutamente femenina. Cuerpo de mujer atravesado por las fantasías infantiles –los siete enanitos de Blancanieves,  Mary Poppins,…, por los deseos de la virginidad en ciernes y por los sueños de una maternidad plena. La puesta en escena tiene “perfume de mujer” y todas estas Martas nos llevan a preguntarnos cuál es la verdadera diferencia entre un hombre y una mujer, más allá de la dimensión física. La respuesta se impone: la posibilidad de que pueda emerger según la circunstancia cualquiera de las diferentes formas de posicionarse en el mundo simbólico. El ritmo escénico es vertiginoso, a través del cuerpo de las actrices -con su gestualidad, sus tonos y sus desplazamientos- y de la textura musical se construye un sentido polifónico -de voces con ritmos diferentes pero de similar importancia: corporeidad femenina posmoderna. Fragmentación también subrayada desde el vestuario, la escenografía y, en especial, desde el texto dramático. Fragmentación que provoca los espacios necesarios para que el espectador pueda construir su propio discurso, que se involucre, que accede a la construcción de sentido y que permite el entramado lúdico de una puesta desde lo real maravilloso.






Quién sabe Marta de Francisca Ure. Elenco: Clarisa Hernández, Sol Tester, Cinthia Guerra, Laura Aneyva, Nadia Marchione, Luciana Sanz, María Florencia Savtchouk. Diseño de escenografía y vestuario: Sol Soto. Realización de vestuario: Carolina Yoro, Sol Soto. Diseño de iluminación: Omar Possemato. Dirección: Francisca Ure.










 



1 El teatro Pánico, (Pan del dios griego, mitad hombre mitad animal) se caracteriza por el uso de lo grotesco, por la fusión de elementos contrarios, por la búsqueda del impacto y del escándalo en el espectador, su carácter psicodramático, la acentuación de los componentes sádicos, el humor y su negritud, lo ceremonial, y el trabajo con el tabú que conduce a la perplejidad del personaje y del espectador. El surrealismo de la puesta comparte con el Pánico las fijaciones y las imágenes de lo onírico, lo que aflora del inconsciente de Marta que se realiza en el presente de la representación, y del expresionismo la exaltación de las pasiones, la fragmentación de un relato, la búsqueda del límite en la construcción del personaje. Pero lo que aúna las tres poéticas mencionadas es el aspecto lúdico de la puesta que juega desde el lenguaje de la oralidad como desde lo gestual y corporal en su totalidad con el recuerdo de la libertad soñada en una infancia de cuento donde todo parecía posible, y a donde se quiere retornar como una edad dorada y perdida. 

2 Como la Alicia de la novela de Carroll, la Marta de Francisca Ure admite más de una fisonomía, todas podemos ser Marta, como la necesidad del personaje de salirse de los corsés victorianos abarca a más de una Alicia. Se dice:cuenta la leyenda que el escritor envió al ilustrador una foto de Mary Hilton Babcock, aunque no hay pruebas que lo demuestren. Pero las ilustraciones no dejan lugar a la duda: Alice Liddell, la verdadera Alicia que inspiró los libros de Carrol, tenía el pelo negro y corto y llevaba flequillo, mientras que la Alicia de las ilustraciones, la de Tenniel, a pesar de estar dibujada en blanco y negro, lleva una melena larga, sin flequillo y aparentemente rubia. Lo cierto es que Carrol puso énfasis en el intricado argumento de su novela y en definir con precisión la personalidad de sus personajes dejando un lado las descripciones exhaustivas de la apariencia física de Alice y sus compañeros de viaje. Esta licencia que se permitió el escritor ha llevado a que todas y cada una de las Alicias que se conocen encajen a la perfección en el papel de la protagonista.


Sobre de cuántas Martas estamos hechos

Por Gabriel Peralta - Crítica Teatral


Obra con textos y dirección de Francisca Ure
La estupenda obra Quién sabe Marta, con textos y dirección de Francisca Ure, invita al espectador a pensar en no solo cuantas personalidades pueden llegar a habitar en una persona, sino que también lo pone en el aprieto de aceptar que la mayoría de las cosas que llevamos dentro, muy de vez en cuando asoman a la superficie.
Porque esta vivisección desenfadada, lúdica, irónica y con un humor (por momentos acido) que realiza Ure de Marta, permite mostrar el amplio abanico de sentires, miedos, anhelos, frustraciones y sueños que se encierran en una persona, que al corporizarlos nos da una idea de la intrincada complejidad que es un ser humano.
Lo interesante es como lo dramaturga logra encontrar el delirio desde la mas llana cotidianeidad. Y como directora es admirable como ensambla esos mundos, a través de mínimos corrimientos o, de contundentes quiebres espaciales y temporales, porque no hay que perder de vista que el espectador esta “espiando” el mundo interior de Marta, hecho de materiales tan personales como el de cualquier individuo.
Mucho tiene que ver en la creación de estos mundos personalísimos, el diseño espacial y de vestuario de Sol Soto. Ya que con el primero logra imbricar, como pocas veces, un soporte virtual en que las animaciones de Dalmiro Zantlelifer y el audiovisual de Martín Berra, se conjugan con el hecho teatral vivo, de manera de crear un universo de perfiles propios en donde se suspende todo viso realidad. En cuanto el vestuario, Soto se acopla sin cortapisas al delirio en el desdoblamiento de las diferentes Martas.
La iluminación de Omar Possemato lleva a fijar una atención puntual de lo que sucede en escena.
Las siete actrices que son Marta (en sus respectivas facetas) realizan una labor de excelencia, ya que dotan a cada una de sus Martas de características que las hacen distintas de las demás. El elenco se permite adentrarse en lo lúdico, en un registro de actuación en donde por momentos asoma un guiño grotesco.
De imperdible visión, la obra Quien sabe Marta nos permite encontrarnos con un hecho teatral en que lo lúdico chisporrotea sin tregua, sin por ello dejar de lado la reflexión.

Más palabras sobre Marta

La rima IV del Sevillano conocido como Gustavo Adolfo Bécquer siempre fue una de mis favoritas. Me provoca cierto alivio. Me da la seguridad de que mientras lo desee…a pesar de todo…siempre habrá poesía.
Con el teatro off me pasa algo similar. Siempre que un puñado de personas y sus talentos se den cita en una sala…siempre habrá teatro…y poesía.
Anoche fui a ver ‘Quien sabe Marta’, una obra escrita y dirigida por Francista Ure. Un único personaje…Marta…encarnado por 7 actrices que nos develan una Marta distinta en cada escena. Marta puede ser cualquiera. Marta tiene sus días…como todos. Marta se siente como cualquiera. Marta siente como todos. Marta actúa como cualquiera. Marta reacciona como todos. Marta está formada de momentos…de momentos de todos.
Quien no se identifica con algún momento de alguna Marta es porque simplemente no la conoció. Marta está ahí…al alcance de todos…en el teatro La Huella…en Medrano 535…reservando entradas en el 3528-2848 o entrando a Alternativa Teatral.
Me reí y pensé…alternativamente…simultáneamente.
Muy buena propuesta. Buen libro, buenas actuaciones, un concepto estético logrado…siempre actuando sobre una pantalla que proyecta imágenes que completan la escena de cada Marta. Esos espectáculos en los que sentimos que debemos dejar de aplaudir simplemente porque hay que irse…no porque falten ganas.
Vayan, por favor, vayan. No necesitan que les mande público…agotan todos los Sábados…se lo recomiendo al lector…no saben lo bien que la van a pasar. Busquen a Marta…se van a encontrar a ustedes.
María, voy a volver…
Rima IV
No digáis que agotado su tesoro,
De asuntos falta, enmudeció la lira:
Podrá no haber poetas; pero siempre
Habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
Palpiten encendidas;
Mientras el sol las desgarradas nubes
De fuego y oro vista;
Mientras el aire en su regazo lleve
Perfumes y armonías,
Mientras haya en el mundo primavera,
¡Habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
Las fuentes de la vida,
Y en el mar o en el cielo haya un abismo
Que al cálculo resista;
Mientras la humanidad siempre avanzando
No sepa a dó camina;
Mientras haya un misterio para el hombre,
¡Habrá poesía!
Mientras sintamos que se alegra el alma
Sin que los labios rían;
Mientras se llora sin que el llanto acuda
A nublar la pupila;
Mientras el corazón y la cabeza
Batallando prosigan;
Mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡Habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
Los ojos que los miran;
Mientras responda el labio suspirando
Al labio que suspira;
Mientras sentirse puedan en un beso
Dos almas confundidas;
Mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!

En busca de la ruta feliz

Por Sandrina Gallego - Criticunder

Calificación: ★★★★ 


La imagen de un film en el recorrido del trasfondo real desde la multiplicidad de Martas, llega a la sala, y una a una en el anhelo del ser nos cuenta de ella, empleada, soñadora, vecina, combativa en amor (el que no mata), tímida, pájaro-bailarina, solitaria, valiente, excitada, reina, cantante a capella, cuasi pez... en flagelo cotidiano, entrevera fantasías a corto plazo.

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En la única piel de juventud de presente-futuro, asfixiado en un sistema, aventura la metamorfosis revelándose a si misma.  Desde el principio las actrices en único personaje son protagonistas del conflicto que sucede en la cuantía de formas en que difiere el "Yo", en la prolifera historia.

Una silla para la transformación, un túnel de Martas, una pequeña escalera de tres grandes escalones que recorre parte del espacio llevando en longitud vertical la escena en cúmulo para la visión de la trama. Toda la dimensión es invadida por ellas y la interactividad de los diferentes recursos para la puesta.

Músicas modernas, coreografías, muchos colores y el guión de la directora-actriz-dramaturga Francisca Ure entrañado en la naturaleza de las cosas, indaga desentramando el rebusque de la vida en sociedad de un personaje que palpa la sencillez de la existencia. Colmada de imágenes y movimientos en la que la realidad del subconsciente trasciende en la disposición de genero artístico (...) y se encuentra intervenida como es de ser, por la pasión, el talento y la nobleza de ley motiv de la cuestión... y nuevamente, ser o no ser?... Quien sabe Marta...?!

Y más críticas...


Marta no está, Marta se fue
Por Daniel Gaguine

Marta sale a buscar trabajo. Ok, parece bastante sencillo el tema no? Pues,¡error! La vuelta de tuerca que le dio Francisca Ure a una situación sencilla tanto en la dramaturgia como en la dirección es fantástica. Aquí Marta está representada por siete mujeres diferentes pero con un vestuario sutil, que las hermana como partes de un todo. La riqueza de cada una de las Marta en sus parlamentos, con una seriedad –no solemnidad- en sus conceptos y matizada por canciones y guiños a “Alicia en el país de las Maravillas” o “Blancanieves y los siete enanitos” hacen que la vorágine de creación de sentido llegue a buen puerto. La utilización de videos y multimedia es adecuada y contundente ya sea tanto para el inicio de la puesta, ubicando al personaje central como en el acompañamiento de las situaciones planteadas por la puesta en si. Describir la calidez de las actuaciones sería redundante debido a que cada una de ellas tiene un trabajo muy elaborado y sutil en la diferenciación respecto de las Martas y que mantienen un tronco común único y excelente. La utilización del espacio es otro punto a destacar debido a la creación de varios mundos de ensueño en un lugar pequeño sin que esto se note. No vamos a contar el final pero la “moraleja” –palabra que no es de las que más me guste usar- es muy importante en tanto ser con capacidad de hacedor de su propio destino del “ser para hacer”.
“Quien sabe Marta” es una de las mejores puestas del año debido a la creación y a la inventiva de la que hace gala. Más aún, con la confianza de empezar una puesta con “Road to nowhere” de los Talking Heads. 

otra crítica más!!

Mariana Rodríguez, de soybuenosaires

Marta habla, exige, grita, ríe, se queja, se excita, odia, teme, desea, ama, sueña, llora, canta y baila…Una Marta, siete Martas. Todas juntas en una, una sola en todas ellas.
Quién sabe Marta es una invitación a penetrar en el mundo de una mujer -como vos, como yo, como todas- a través de siete monólogos desopilantes, ocurrentes y tragicómicos, excelentemente interpretados…
Marta habla, camina, salta y baila sobre una serie de ilustraciones divertidas que se proyectan sobre una pared y que por momentos se convierten en perturbadoras. Marta lleva un atuendo de “loser total” pero se transforma y se convierte en una diosa de la canción, una guerrera, una dulce y tierna conejita, un pescadito soñador, un pajarito inquieto… Marta cambia, muta, es mujer.
La muy buena elección de la música y de la iluminación mantiene un excelente ritmo durante todo el desarrollo de la obra. En más de una oportunidad me sentí tentada a hacer palmas e incluso a levantar los brazos y corear. Porque Marta es como yo, como todas las mujeres,  canta y baila coreografías… Quién sabe Marta, una obra que desnuda el complejísimo y casi-casi incomprensible mundo femenino. Yo, soy Marta. Y vos también.



¡Nuestra primera Crítica!

http://mecagoenlabohemia.blogspot.com/2010/05/marta.html
Recomendamos que entren al blog

Aquí la crítica:

En poco más de una semana aparecerá en el off porteño un nuevo personaje femenino que dará mucho que hablar. Viene pisando fuerte y no precisamente con zapatos de taco, avanza abriéndose lugar a codazos, llega después de mucho perderse y rebuscarse, llega enamorada, cansada, sola, enfadada, energúmena, viene cantando, baila y se cae por el camino, llega dispuesta a cortar cabezas y devorar corazones, siempre llorando a carcajada limpia.

Quién sabe Marta, opera prima como dramaturga de la actriz Francisca Ure, nos presenta a una mujer que pareciera ser la destilación de lo mejor y lo peor de todas. La débil, la víctima, la asustada, la solitaria, la nena, la jodida, la fea, la enojada, pero también la enamorada, la puta, la soñadora, la vieja, la decidida. Marta de todos los colores y para todos los gustos.

¿Qué pasa con el amor cuando no hay música en francés? ¿No serán las ficciones consumidas en la tierna infancia responsables de nuestras desdichas? ¿Quién quiere ser Alicia cuando se puede ser la Reina de Corazones? ¿Cuántas Martas hay en una?

El amor nos vuelve idiotas.
El infierno son los otros.
Es mentira pero duele.
La vocación era esto.

Quién sabe Marta, nos revela a un elenco de actrices hetereogéneo y potente. Cada una de ellas encarna a una Marta única, acaso cada vez más dislocada, más desmedida, más imprevisible. Todas ellas divertidas.

Mención aparte merece la puesta en escena, donde se aúnan con gracia animaciones de Dalmiro Zantleifer, la iluminación de Omar Possemato y el audiovisual de Martín Berra.

Recomendada por su frescura, su desparpajo, su originalidad bien entendida - es decir, en atención al origen de uno y no de la populosa novedad -, su manera de recordarnos que hay otros modos posibles para casi todo y que reírse de uno mismo sigue siendo la mejor de las salvaciones posibles.

Prepárense para reír.
Tranquilos, también van a pensar, sentir...

Quién sabe Marta, estrena el 15 de mayo.
Texto y dirección: Francisca Ure.
Actúan: Laura Aneyva, Cinthia Guerra, Clarisa Hernández, Nadia Marchione, Luciana Sanz, Florencia Savtchouk y Sol Tester.
Ilustraciones y animaciones: Dalmiro Zantleifer.
Iluminación: Omar Possemato.
Audiovisuales: Martín Berra.

Sábados 21hs.
Huella Teatro. Avda. Medrano 535.